Las tormentas de verano

Llueve. Llueve como todos los veranos cuando llegan a su fin. La lluvia arrecia hasta acabar con los resquicios. El azote del agua es una mano que desnuda, que arrastra la mugre para hacernos más ligeras. Así es el verano. Así son las tormentas del verano.

El tiempo se detiene… no, el tiempo nunca se detiene, somos nosotros los que paramos en seco, peonzas que dejan de girar y terminan su marcha sobresaltadas. Los ritmos cambian. Nos apeamos del tren y de pronto se abre ante nosotras el bosque sombrío y salvaje, la sierra encrespada, dechado de resistencia, desmoronándose en el abismo. Dar un paso es adentrarse. Dar un paso es saltar.

En verano me disuelvo entre las lágrimas que el tiempo y la ignorancia enquistó en mi núcleo, flor abierta y nido de carne muerta a un tiempo. En verano se deslía la herida, cae la costra, pudiendo, tras la tormenta que nos habla con violencia, sentir el alivio de un corazón tierno. Apago mi sed, me refresco. El agua, la humedad de mis lágrimas, siempre es bálsamo. El verano es aliviadero.

Retomo el camino más ligera. Las sombras me acompañan, pero la luz es menos afilada, las sombras pierden su rotundidad.

¡Qué necesario el verano! ¡Qué necesarias las tormentas del verano!

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El tiempo recuperado

Tiempo para amar, tiempo para jugar, tiempo para descansar… Tiempo sin horas, tiempo preñado de risas y respiraciones, tiempo sin ocaso… Tiempo caricia lenta, tiempo parpadeo de Shiva, tiempo sin tiempo…

El vuelo de la golondrina, la mies recién cortada, la excitación de los grillos…
Las montañas, el mar, el río, el árbol, la madre naturaleza…
El aire fresco de las montañas, el aire salino del mar, el agua helada del río…
La sombra del árbol, las voces del bosque, el murmullo del arroyo…
El sol, el cielo estrellado, las Perseidas…
El cencerro de las vacas, el lavadero solitario, las espadañas…
La fuente, la ermita, las casas perdidas…
Los caminos rurales, los muretes de piedra, el sabor de las moras…
Las risas de los que amo, la plenitud. Es verano.

ESTACIONES DEL ALMA. Verano

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Litha

Litha es fuego, y el solsticio de verano es el momento del año en el que el Sol ejerce su mayor influencia y poder.

Verano, territorio de la luz, espacios abiertos, expansión, movimiento… es hora de actuar, de gritar, de respirar profundamente y avanzar con los brazos abiertos…

Llegamos al máximo de apertura, a partir de este momento los días se acortan, la luz se debilita hasta llegar al otro extremo, el del recogimiento y las sombras. Pero todavía nos quedan muchos días de luz, de apertura, de expansión… la explosión permanece en el aire durante mucho tiempo.

Hoy el sol está fuera, el aire está fuera. Avanza. No dejes de moverte, no pares de bailar, si te detienes podrías quemarte, el sol es demasiado poderoso, azota… derrumba con su lengua de fuego. Solo ese continuo danzar nos mantiene en pie. Expándete como el Universo. Hay energía suficiente. Muévete.

Entrega… tu corazón, tu alma, tus manos… Mira a tu alrededor. Pon luz en tu conciencia. Acerca tu corazón al corazón del mundo, deja que se fundan el uno en el otro… expón tu alma… ofrece tus manos. Muévete.

Suelta una carcajada, una risotada al viento. Y con ella suelta todo lo que ya no necesitas, lo que te pesa, lo que te lacra, lo que te lacera. Entrégaselo al viento para que se lo lleve muy lejos. Y llénate de aire nuevo, de sol, de camino virgen, de cielo.

Hoy extiende tus brazos, recoge la luz que reposa en tu vientre y deja que alce el vuelo y roce las nubes.

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Ven conmigo, hermana

Cierro los ojos, callo y, al callar, escucho a Dios. Y una oleada de amor inunda mi alma.

Miro detrás de tu mirada y veo tu luz, amiga, hermana. Parece tan frágil como la cobertura de una semilla, que, al tomarla entre las manos, se quiebra. Pero en realidad es increíblemente solida y fuerte, inagotable, como la semilla misma.

Por tu rostro ha pasado el tiempo, amiga, hermana. Tu cuerpo guarda memoria de los días vividos. El embate de las olas labra la roca, dejando cada vez más desnuda el alma. Tus ojos parecen tristes. La tristeza de una mujer fuerte.

A veces nos extraviamos, perdemos el norte. Abrázate, abraza tus miedos y tu valor, tus flaquezas y tus fortalezas, la risa del vientre y tus tristezas, los anhelos perdidos y los que han de venir. Abrázate.

Yo también te abrazo, te tiendo la mano, apóyate sobre mi hombro, hermana, y retomemos el camino.

Cierra los ojos y mira. ¿No ves un horizonte poblado de estrellas? Solo tienes que estirar la mano y alcanzarlas.

NUBES

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El árbol de la vida


En mi vientre crece un manzano que todos los otoños del día da manzanas, manzanas que dan sentido a mi vida… unas jugosas, otras demasiado inmaduras, otras agusanadas, otras fuente de un zumo delicioso y tonificante… todas ellas nutritivas, todas conteniendo en sí las semillas de nuevos manzanos que crecerán, esta vez, sin mi mano, semillas que caerán en tierras lejanas donde nacerán nuevos vientres.

Vientres… el refugio de las almas cuando balbucean los primeros latidos. Luces blancas, purísimas, revoloteando en busca de un hogar, con la mirada anhelante clavada en el manantial de energía, fluyendo el latido inevitable, la fuerza convulsa y atronadora de la vida.

El árbol de la vida necesita un vientre oscuro para despertar a la luz. Necesita la tierra de mi cuerpo para arraigar y nutrirse. Necesita la lluvia para aplacar la sed de las raíces. Necesita el calor del sol para madurar sus manzanas.
Necesita la mirada atenta, unas manos que lo atiendan, la escucha del viento entre las ramas, del crujir de unas hojas abatidas, del susurro inmemorial de su sangre.
Necesita tormentas, ventiscas, aguaceros y el caer de la nieve adormeciendo la salvia. Necesita vientre oscuro. Necesita sol radiante. Necesita ante todo amor para crecer y dar fruto. Necesita fuego creador.

Cuece el fuego la vida. El amor es el pulso que impulsa y nos mueve ya por siempre… elevándonos hacia el sol… hasta la caída. Así de poderoso es el fuego que crepita en el vientre. Así de poderoso es el amor que impregna cada célula cargada de vida, cada manzana, cada ser, cada existencia. Así nos crece a todas el árbol de la vida.

HUESOS. Vientre

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Sostener los cielos

Solo cuando penetré la tierra porosa
con mis raíces…
Solo cuando esta red de certezas
se hizo fuerte…
solo entonces
pude elevar mis ramas al firmamento,
bañarme de luz,
sostener los cielos.

NUBES

 

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