Arribar a puerto

En ese espacio entre mis pechos y mis brazos, levantó el vuelo una mirada inolvidable, una mirada de descubrimiento, una mirada descubriéndome, una sonrisa que abría ventanas muy adentro, dejando fluir el aire fresco y la luz, un primer encuentro de amor, de enamoramiento…

… ventanas abiertas, rayos de sol, sábanas recién lavadas atrapando el aire, inflándolo, alzando el vuelo, y tú debajo saltando y haciéndote ovillo, saltando y haciéndote ovillo… y riendo…

… bandada de pájaros batiendo sus alas de cielo…

Y mis pechos rezumando amor, consuelo, refugio, abrazos, caricias, leche dulce, hogar, mamá, profundo amor.

Ya no hay néctar, pero hay espacio donde siempre vuelves, con tus abrazos, apoyando tu cabeza, refugiándote en mi pecho siempre, tantas veces al día. Un puerto seguro donde arribar en tantas y tantas zozobras del alma, tú, tan frágil, tan haciéndote, tan tierna, tan rompiéndote entre mis dedos y tan fuerte a la vez.

¡Vuelve, vuelve siempre que quieras, mi pecho está abierto, mi corazón también!

HUESOS. Pechos

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Har Hare Hari Wahe Guru

Corre el viento en un continuo movimiento, recorriendo cielo abierto, enredándose entre las ramas, explorando los intersticios. Fluye el río en su continuo avance. Así es la vida, la danza eterna del Ser. La semilla, el preser, la posibilidad. El desarrollo, la maduración. La manifestación, el éxtasis del Ser. Un círculo que se recorre a sí mismo y nunca se detiene. Ciclos.

Har Hare Hari es la vida misma en sus múltiples caras, es la fuerza motora, la energía que nos mueve a nuestra máxima expresión. Har Hare Hari es el flujo, es la abundancia. Har Hare Hari es el amor. Es Dios.

Har Hare Hari se halla en todo y todo está contenido en ello. Todo se halla en un continuo Har Hare Hari. Har Hare Hari es el tiempo sucediéndose. Wahe Guru es la aceptación total del suceder de la vida.

Har es la semilla, un diminuto grano que contiene infinitas posibilidades. Todo puedo ser en Har.

Hare es el proceso, la maduración, el crecimiento, el camino abriéndose paso. El amor quiebra la semilla. El sol, la lluvia, la tierra, la vida la impulsa al movimiento. El viaje.

Hari es la manifestación del Ser. La fragancia de la flor, el sabor de las verduras, el romper de las olas en la roca, la presencia consciente.

Wahe Guru, es el éxtasis, la realización de Dios en todo el movimiento de Har Hare Hari.

Har Hare Hari Wahe Guru.

HUESOS. Vientre

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Abrazar el cansancio

Mi energía ha cambiado. Ayer fluía con las olas de un mar abierto, empujada por fuertes corrientes. Hoy se aquieta en el suave regazo de la bahía, abrazo callado y sereno.

Miro a través de la bocana. Sueño con salir de nuevo a mar abierto y dejarme ser en ese territorio violento y desatado. Pero no. He de aprender a abandonar mi cuerpo, aflojarlo, y dejar que este mar nuevo, más sosegado y de horizontes que se pueden rozar con los dedos, me meza.

Somos olas, olas que vienen y van, olas que se elevan, cantan y luego mueren y se recogen, cantando… somos olas, pero queremos estar siempre en la cresta, siempre allí, llenas de energía, siempre alegres, disponibles, siempre… y cuando caemos la culpa nos asedia, nos sentimos enfermas, nos resistimos… pero somos olas, olas que se elevan, cantan y luego mueren y se recogen, cantando…

Mi energía ha cambiado. Y ahora comprendo. Mis ritmos han cambiado, nada más. Al fin escucho a mi cuerpo. Abrazo el cansancio.

¡La flor desborda su energía desde sus pétalos radiantes y abiertos. El fruto la concentra en sus semillas!

HUESOS. Energía

 

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Isla

Necesito arribar a la isla de sol a sol y solazarme en ella, recorrer todos sus rincones, vislumbrar sus tesoros. Necesito silencio, necesito encontrarme conmigo misma y desde ahí mirar el mar, el batir de las olas contra la roca, la espuma furiosa… el mar, que nos arrebata la vida o nos deja continuar con ella… que viene y va, que toma y da, que late y respira, que gira y gira, que nos canta su antiquísima canción… mi corazón guarda el tesoro.
Bajo a la playa, la recorro de punta a punta como una vieja costumbre, camino junto a la orilla, observando la caricia de las olas en la piel mojada de la tierra, agua y sol espejeando en la piel bruñida… sintiendo el frío en los pies, el suelo desapareciendo bajo ellos, el agua lamiendo el peso de los años… sintiéndome tan pequeña ante la inmensidad, con la certeza de que tras el horizonte hay un mundo nuevo, que un mundo nuevo es posible… llenándome los pulmones de aire fresco, el aire silenciando los gritos, haciendo brotar la alegría genuina, inundándome de luz al escuchar, una vez más, la antiquísima canción del mar…
Más tarde me alejo de la playa y penetro en el bosque oscuro, inquietante, con una miríada de árboles formando círculos, círculos de hermandad, círculos de protección, círculos para abastecernos de energía, y yo misma me hermano con ellos, un gran abrazo que fusiona corazón con corazón, que enraíza seres con seres, que trenza venas. Siento la energía del árbol penetrar en mi interior y afectar directamente mi corazón, una voz que me llega, comunicación…
Ek ong kar también es círculo, quien creó y lo creado es uno. Ek ong kar es la diosa…
Por fin descanso en el lago, espejo en calma, remanso de paz y quietud… Necesito quietud, silencio… he arribado al puerto de mi ser, a la isla, sola, y he recibido todas esas energías, me he nutrido con sus innumerables tesoros, para poder darme de nuevo en tierra de todos.

HUESOS. Alma

 

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Luna llena de febrero

Después de la lluvia, el aire fresco y renovado. La lluvia arrastra el polvo… los perfiles se vuelven nítidos… la conciencia, por fin, tiene espacio para desplegar su luz.

El cielo va a derrumbarse sobre nuestras cabezas, una luz lechosa lloviznando sobre nuestras fronteras, penetrando, más allá, como el agua vieja… la humedad, que se instala como una segunda piel.

Todavía no ha salido la luna. Me temo que nos vamos a perder esta luna de febrero. El cielo está completamente cubierto. Los últimos rayos del sol languidecen como ascuas rosadas entre un montón de cenizas. La luna podría ser la chispa final en ese fuego que agoniza. La vida infinita y luminosa que se desborda sobre los ojos en la última exhalación.

Le damos la espalda a la luna, hoy más nueva que llena, y nos refugiamos bajo la encina protectora. Qué silenciosa. Los árboles también son madres, o padres, que nos protegen de lo que cae del cielo, de lo que viene de frente, de lo que habita en los poros del aire… lluvia, viento, frío. Y su silencioso estar me adormece. Y no es que el frío desaparezca, pero hay cierta calidez cuando me siento abrazada por sus ramas.

Ya nos vamos y nos quedamos sin ver la inexistente luna de febrero, oculta tras una espesa capa de nada oscura.

DOCE LUNAS. DOCE AMANECERES, UNA ENCINA…

 

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