Ritmos

Caminante, no hay camino
se hace camino al andar.

ANTONIO MACHADO

 

El Universo se expande y se contrae.
Es la respiración de Shiva.
Ahora mismo, en este instante,
llena su pecho de aire arbolado,
vergel de sonidos y aves,
sus sueños
hechos carne.

Viento helado, piel nevada,
sol ardiente, agua fugitiva.
Es la respiración de la tierra,
que nace y muere
en cada giro.

Renacimiento.

El sol nos sopla las pestañas.
La luna extiende su aliento
sobre los párpados cerrados,
ventanas enrejadas;
tras ellas unos ojos,
pozos en cuyo fondo
se estremece la luna.
Es la respiración del tiempo,
y su latido,
el tic-tac de un reloj.

Tomo y suelto,
tomo y suelto.
Es mi respiración,
y mi latido un tambor.

Late, late, late,
hoguera que nunca se apaga,
golpeteo de la lluvia en el tejado,
una ola que nace en lo profundo
y muere
de tanto que anhela,
integrarse en la ribera.

Tomo y suelto,
tomo y suelto,
un corazón palpitante
y unos pies que no dejan de avanzar.

Avanzan,
avanzan,
un paso detrás de otro,
nunca dejan de avanzar.
No importa lo que suceda.
Nunca dejan de avanzar.
Ría o cante, grite o desfallezca.
No importa lo que suceda.
Nunca dejan de avanzar.

Hasta que llegue el día
o la noche,
una mañana de verano
o una tarde de primavera
en que Shiva frenará mi paso,
detendrá mi latido,
abrirá las ventanas
para que alce el vuelo
liviana
y me funda con el aire
que en otra vida
respiré.
Arcilla blanda y entregada
en las manos de Shiva
nuevamente.

HUESOS. Pies

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Cuerpos sagrados

Nobles almas que revoloteáis
en el espacio vacío de la conciencia,
sedientas del néctar de la vida,
con el recipiente vacío,
deseosas de llenarlo de nuevo.
Os urge resolver el acertijo,
superar los retos.
Valientes almas,
en busca del latido
sobre el que cabalgaréis
contra el viento.

Precisáis un cuerpo,
cuerpo sagrado
que hace posible esta experiencia.
Materia,
Madre Tierra.

Cuerpos tiernos,
cuerpos voluptuosos,
cuerpos arrugados.
Qué largo viaje
el que os espera.
Ni un solo instante
dejáis de respirar.
Ni un solo instante
dejáis de latir.
Ni un solo instante
dejáis de caminar,
de recorrer la larga senda
que acaba en el mar.

Tu corazón es el servicio.
¡Qué fortaleza!
No cabe más que agradecimiento.
¡Cuerpo sagrado!

HUESOS. Cuerpo

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Cántaro sagrado

Cuerpos arrastrados, pies arrastrando, hombros caídos, piel macilenta, pozos en los ojos… alma liviana dentro de un cuerpo aplastado… el zumo se escapa con cada exhalación…

Agota el tratar de atrapar el pez con las manos.
Agota el querer enjaular a las mariposas para que dancen como nosotras queramos.
Agota el astillarnos en mil pedazos para mantener la hoguera siempre encendida, sin más madera que la de nuestra alma.
Agotan todos los nudos que se agolpan en la garganta, desatendidos, abandonados.
Agotan los pesados mantos y edredones y colchas que nos echamos encima hasta desaparecer por completo.
Agota el tratar de poder con todo.

Sal a la superficie, desembarázate de las toneladas de tierra que te sepultan, tiéndete en la hierba, deja que el sol te acaricie, que el viento erice tu piel. Entonces levántate y construye con tus manos un cántaro donde verter el zumo, un cántaro sin grietas ni escapes, y guárdalo en tu pecho.

HUESOS. Energía

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Alas rotas

Aletea, aletea la libélula atrapada entre las zarzas… las zarpas… tratando de liberarse la libélula inocente… y cuanto más aletea, más se desgarran sus alas.

La libélula no se desangra… se le va escapando la vida por los rotos del alma. La libélula quebrada, despojada de su brillo, de su cordura… cae en el sueño exhausta, incapaz de enfrentar la realidad… atrapada eternamente entre las zarzas… le escuecen las alas.

Qué tenebroso, qué triste…

¡Vivir en un mundo tan lúgubre y no desmayar! ¿Qué es lo que os mantiene en pie? ¿Cómo no se desmoronan los cimientos de vuestro ser? ¿Cómo podéis sonreír, zarzas de la noche?… cada dedo una espina, la sangre alterada… hiel.

Qué mundo más oscuro. Se me agolpan las lágrimas en la garganta.

Almas rotas haciendo añicos otras almas. Alas aplastadas arrancando de cuajo otras alas. Almas huecas succionando la ternura y la inocencia… volviendo opaco el mirar…

Ven aquí, libélula herida. Te abrazo y mi amor siembra unas alas, mis lágrimas las hacen crecer, amanece en la piel irisada… Aún puede haber luz, aunque la herida sea irreparable… Un sol inextinguible mora dentro de ti, siempre estuvo ahí, libélula irisada.

HUESOS. Alma

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Arribar a puerto

En ese espacio entre mis pechos y mis brazos, levantó el vuelo una mirada inolvidable, una mirada de descubrimiento, una mirada descubriéndome, una sonrisa que abría ventanas muy adentro, dejando fluir el aire fresco y la luz, un primer encuentro de amor, de enamoramiento…

… ventanas abiertas, rayos de sol, sábanas recién lavadas atrapando el aire, inflándolo, alzando el vuelo, y tú debajo saltando y haciéndote ovillo, saltando y haciéndote ovillo… y riendo…

… bandada de pájaros batiendo sus alas de cielo…

Y mis pechos rezumando amor, consuelo, refugio, abrazos, caricias, leche dulce, hogar, mamá, profundo amor.

Ya no hay néctar, pero hay espacio donde siempre vuelves, con tus abrazos, apoyando tu cabeza, refugiándote en mi pecho siempre, tantas veces al día. Un puerto seguro donde arribar en tantas y tantas zozobras del alma, tú, tan frágil, tan haciéndote, tan tierna, tan rompiéndote entre mis dedos y tan fuerte a la vez.

¡Vuelve, vuelve siempre que quieras, mi pecho está abierto, mi corazón también!

HUESOS. Pechos

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El árbol de la vida


En mi vientre crece un manzano que todos los otoños del día da manzanas, manzanas que dan sentido a mi vida… unas jugosas, otras demasiado inmaduras, otras agusanadas, otras fuente de un zumo delicioso y tonificante… todas ellas nutritivas, todas conteniendo en sí las semillas de nuevos manzanos que crecerán, esta vez, sin mi mano, semillas que caerán en tierras lejanas donde nacerán nuevos vientres.

Vientres… el refugio de las almas cuando balbucean los primeros latidos. Luces blancas, purísimas, revoloteando en busca de un hogar, con la mirada anhelante clavada en el manantial de energía, fluyendo el latido inevitable, la fuerza convulsa y atronadora de la vida.

El árbol de la vida necesita un vientre oscuro para despertar a la luz. Necesita la tierra de mi cuerpo para arraigar y nutrirse. Necesita la lluvia para aplacar la sed de las raíces. Necesita el calor del sol para madurar sus manzanas.
Necesita la mirada atenta, unas manos que lo atiendan, la escucha del viento entre las ramas, del crujir de unas hojas abatidas, del susurro inmemorial de su sangre.
Necesita tormentas, ventiscas, aguaceros y el caer de la nieve adormeciendo la salvia. Necesita vientre oscuro. Necesita sol radiante. Necesita ante todo amor para crecer y dar fruto. Necesita fuego creador.

Cuece el fuego la vida. El amor es el pulso que impulsa y nos mueve ya por siempre… elevándonos hacia el sol… hasta la caída. Así de poderoso es el fuego que crepita en el vientre. Así de poderoso es el amor que impregna cada célula cargada de vida, cada manzana, cada ser, cada existencia. Así nos crece a todas el árbol de la vida.

HUESOS. Vientre

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Uno

No estamos solos.
¿Has mirado alguna vez a aquellos hombres y mujeres
que como tú cargan con sus dolores,
que como tú se hunden en el cieno,
que como tú renacen de las cenizas,
alzan el vuelo
y como tú se solazan en las horas livianas y dulces
con una sonrisa franca?
Ninguno escapa a esta ley.

No estamos solos.
¿Te has percatado del gato que dormita;
del diente de león enamorado del viento;
de las distantes estrellas
que nos susurran al oído
sus voces antiguas;
del rocío de la mañana,
suave beso en la piel de la tierra;
del petirrojo y su alegre reclamo;
de los copos de nieve
leves sobre tus manos;
del río que nos habla
del instante fugaz
del permanente cambio;
de la lluvia golpeando los tejados;
del bicho con el que compartes
el mismo miedo;
de las agujas de los pinos,
manatial de las flores y los helechos;
del sol brillando en un cuadrante del suelo;
de la mañana fresca
y la tarde templada,
la noche fría;
de la amapola que es nido
del sol de primavera;
de las ranas parlanchinas
y la laguna muda;
de la arcilla de la tierra
que acoge tu pisada?
¿No te percataste de todo esto
y de que eres uno con ello?

No estamos solos,
pertenecemos a una comunidad
tan grande como el universo,
somos parte de la creación y lo creado.
Somos uno con todo.
¡No estamos solos!

HUESOS. Alma

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Har Hare Hari Wahe Guru

Corre el viento en un continuo movimiento, recorriendo cielo abierto, enredándose entre las ramas, explorando los intersticios. Fluye el río en su continuo avance. Así es la vida, la danza eterna del Ser. La semilla, el preser, la posibilidad. El desarrollo, la maduración. La manifestación, el éxtasis del Ser. Un círculo que se recorre a sí mismo y nunca se detiene. Ciclos.

Har Hare Hari es la vida misma en sus múltiples caras, es la fuerza motora, la energía que nos mueve a nuestra máxima expresión. Har Hare Hari es el flujo, es la abundancia. Har Hare Hari es el amor. Es Dios.

Har Hare Hari se halla en todo y todo está contenido en ello. Todo se halla en un continuo Har Hare Hari. Har Hare Hari es el tiempo sucediéndose. Wahe Guru es la aceptación total del suceder de la vida.

Har es la semilla, un diminuto grano que contiene infinitas posibilidades. Todo puedo ser en Har.

Hare es el proceso, la maduración, el crecimiento, el camino abriéndose paso. El amor quiebra la semilla. El sol, la lluvia, la tierra, la vida la impulsa al movimiento. El viaje.

Hari es la manifestación del Ser. La fragancia de la flor, el sabor de las verduras, el romper de las olas en la roca, la presencia consciente.

Wahe Guru, es el éxtasis, la realización de Dios en todo el movimiento de Har Hare Hari.

Har Hare Hari Wahe Guru.

HUESOS. Vientre

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Allá donde prospera la vida

Dunas, dunas sin raíces, dunas zarandeadas por el viento, siempre a su merced… Carne de arena, destejida, candidata a la transgresión. Mi corazón, un castillo con grandes murallas, castillo de arena que al primer golpe se derrumba. Sin raíces, sin sustancia, sin trama. Carecía de poder. Siempre al borde del abismo. Siempre dispuesta a recibir un golpe más en el corazón…

Pero un día salí a cielo abierto, emprendí el camino y miré adentro. Subí a la cumbre, donde el aire es nuevo, y sana. Aire fresco entrando a raudales por las ventanas de mi alma. Subí tan alto que encontré las huellas perennes del sol. Allá arriba me convertí en águila y pude verlo todo. Entonces miré adentro, allá donde no llega la luz…

Rastreando encontré mi núcleo invulnerable, tan fuerte como la roca. Siempre estuvo allí, pero lo había sepultado con la tierra de las falsas creencias, que me habían despojado de todo poder.
He recuperado la solidez, me alzo como una montaña antigua. Y es ahí donde prospera la vida, vulnerable y flexible, pero con las raíces tejidas en ese núcleo de piedra.

Estoy viva. He recuperado mi poder. Hundo mis raíces en la roca y expongo mis ramas al aire fresco, ya sin miedo, ya libre de falsas creencias.

HUESOS. Vientre

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Abrazar el cansancio

Mi energía ha cambiado. Ayer fluía con las olas de un mar abierto, empujada por fuertes corrientes. Hoy se aquieta en el suave regazo de la bahía, abrazo callado y sereno.

Miro a través de la bocana. Sueño con salir de nuevo a mar abierto y dejarme ser en ese territorio violento y desatado. Pero no. He de aprender a abandonar mi cuerpo, aflojarlo, y dejar que este mar nuevo, más sosegado y de horizontes que se pueden rozar con los dedos, me meza.

Somos olas, olas que vienen y van, olas que se elevan, cantan y luego mueren y se recogen, cantando… somos olas, pero queremos estar siempre en la cresta, siempre allí, llenas de energía, siempre alegres, disponibles, siempre… y cuando caemos la culpa nos asedia, nos sentimos enfermas, nos resistimos… pero somos olas, olas que se elevan, cantan y luego mueren y se recogen, cantando…

Mi energía ha cambiado. Y ahora comprendo. Mis ritmos han cambiado, nada más. Al fin escucho a mi cuerpo. Abrazo el cansancio.

¡La flor desborda su energía desde sus pétalos radiantes y abiertos. El fruto la concentra en sus semillas!

HUESOS. Energía

 

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