Declaración de intenciones

No quiero ser la marioneta de un ventrílocuo, por mucho que me hubiera gustado haber escrito El principito, Kew Gardens, La sonrisa etrusca, Viajes que despertaron mis cinco sentidos, El barón rampante, Elegía a Ramón Sijé o Canto a mí mismo. Quiero expresar mi propia voz.

No quiero recorrer el camino de nadie; quiero, habiendo transitado todas las veredas, perderme en las encrucijadas hasta encontrarme en el centro del laberinto que es mi alma.

No quiero repetir esas imágenes y metáforas empleadas hasta la saciedad, piedras preciosas que brillan con luz propia; quiero sin embargo hacer acopio y mostrar las piedrecitas que se meten en mis zapatos y se adhieren a mis pies.

No quiero instalarme en la casa de nadie. Quiero salir a cartografiar los lugares comunes y a explorar territorios ignotos, por remotos o por encubiertos. Quiero ser reflejo del mundo y del alma, no de un papel escrito.

No quiero cubrirme con la pegajosa falsedad, construir un personaje atractivo a la mirada de los demás; quiero descubrir mi verdad… MI VERDAD.

No quiero hacer saltar los resortes de emociones fáciles… quiero conmover los cimientos, acompañar, hermanarme con quien escucha mi voz… mis palabras, olas que acarician la isla, brazos abiertos anhelando dar el gran abrazo: Sí, a mí me ocurre lo mismo, yo también siento lo mismo, estamos hechos de la misma carne, polvo al fin.

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Las tormentas de verano

Llueve. Llueve como todos los veranos cuando llegan a su fin. La lluvia arrecia hasta acabar con los resquicios. El azote del agua es una mano que desnuda, que arrastra la mugre para hacernos más ligeras. Así es el verano. Así son las tormentas del verano.

El tiempo se detiene… no, el tiempo nunca se detiene, somos nosotros los que paramos en seco, peonzas que dejan de girar y terminan su marcha sobresaltadas. Los ritmos cambian. Nos apeamos del tren y de pronto se abre ante nosotras el bosque sombrío y salvaje, la sierra encrespada, dechado de resistencia, desmoronándose en el abismo. Dar un paso es adentrarse. Dar un paso es saltar.

En verano me disuelvo entre las lágrimas que el tiempo y la ignorancia enquistó en mi núcleo, flor abierta y nido de carne muerta a un tiempo. En verano se deslía la herida, cae la costra, pudiendo, tras la tormenta que nos habla con violencia, sentir el alivio de un corazón tierno. Apago mi sed, me refresco. El agua, la humedad de mis lágrimas, siempre es bálsamo. El verano es aliviadero.

Retomo el camino más ligera. Las sombras me acompañan, pero la luz es menos afilada, las sombras pierden su rotundidad.

¡Qué necesario el verano! ¡Qué necesarias las tormentas del verano!

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Huidas y encuentros

El sol brilla en cada palmo de tierra encaneciendo las hojas de los árboles. Un polvo viejo y reseco duerme suspendido en los rincones del aire. Se hace difícil respirar. El calor es una pasta pegajosa que aplasta nuestras cabezas. Todo pesa. Pesan los brazos, pesa la espalda, pesan los párpados, pesan las piernas. Los pies arden…

Añoro las noches frescas y estrelladas. Quiero moverme hacia el norte, siempre al norte, en busca de ligereza. Aligerar la sangre espesa. Despertar.

Las vacas pacen con extrema parsimonia. En las tardes de verano todo se ralentiza. Por eso siempre me sorprenden las mariposas tan risueñas, que revolotean ejecutando sus danzas alegres entre las luces y las sombras.

Las moscas me zumban en la cara. Tengo la boca seca. Tengo la piel húmeda. Entro al bosque en busca de la sombra fresca, del arroyo. Busco cobijo.

El verano es la estación de la huida. Huimos del calor, del peso, del sopor. Pero también es la estación del encuentro. El encuentro con la sombra, con el agua, con la brisa, con las horas tempranas, con la tormenta. Encuentros.

ESTACIONES DEL ALMA. Verano

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Cuerpos sagrados

Nobles almas que revoloteáis
en el espacio vacío de la conciencia,
sedientas del néctar de la vida,
con el recipiente vacío,
deseosas de llenarlo de nuevo.
Os urge resolver el acertijo,
superar los retos.
Valientes almas,
en busca del latido
sobre el que cabalgaréis
contra el viento.

Precisáis un cuerpo,
cuerpo sagrado
que hace posible esta experiencia.
Materia,
Madre Tierra.

Cuerpos tiernos,
cuerpos voluptuosos,
cuerpos arrugados.
Qué largo viaje
el que os espera.
Ni un solo instante
dejáis de respirar.
Ni un solo instante
dejáis de latir.
Ni un solo instante
dejáis de caminar,
de recorrer la larga senda
que acaba en el mar.

Tu corazón es el servicio.
¡Qué fortaleza!
No cabe más que agradecimiento.
¡Cuerpo sagrado!

HUESOS. Cuerpo

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Agujas del frío

Y con el sol en lo alto se deshacen las agujas del frío.

INSTANTÁNEAS

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