Mirada

¿Qué hay detrás de tu mirada? Zambullirme en la oscuridad para encontrarme con la luz.

INSTANTÁNEAS

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Cuerpos sagrados

Nobles almas que revoloteáis
en el espacio vacío de la conciencia,
sedientas del néctar de la vida,
con el recipiente vacío,
deseosas de llenarlo de nuevo.
Os urge resolver el acertijo,
superar los retos.
Valientes almas,
en busca del latido
sobre el que cabalgaréis
contra el viento.

Precisáis un cuerpo,
cuerpo sagrado
que hace posible esta experiencia.
Materia,
Madre Tierra.

Cuerpos tiernos,
cuerpos voluptuosos,
cuerpos arrugados.
Qué largo viaje
el que os espera.
Ni un solo instante
dejáis de respirar.
Ni un solo instante
dejáis de latir.
Ni un solo instante
dejáis de caminar,
de recorrer la larga senda
que acaba en el mar.

Tu corazón es el servicio.
¡Qué fortaleza!
No cabe más que agradecimiento.
¡Cuerpo sagrado!

HUESOS. Cuerpo

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Alas rotas

Aletea, aletea la libélula atrapada entre las zarzas… las zarpas… tratando de liberarse la libélula inocente… y cuanto más aletea, más se desgarran sus alas.

La libélula no se desangra… se le va escapando la vida por los rotos del alma. La libélula quebrada, despojada de su brillo, de su cordura… cae en el sueño exhausta, incapaz de enfrentar la realidad… atrapada eternamente entre las zarzas… le escuecen las alas.

Qué tenebroso, qué triste…

¡Vivir en un mundo tan lúgubre y no desmayar! ¿Qué es lo que os mantiene en pie? ¿Cómo no se desmoronan los cimientos de vuestro ser? ¿Cómo podéis sonreír, zarzas de la noche?… cada dedo una espina, la sangre alterada… hiel.

Qué mundo más oscuro. Se me agolpan las lágrimas en la garganta.

Almas rotas haciendo añicos otras almas. Alas aplastadas arrancando de cuajo otras alas. Almas huecas succionando la ternura y la inocencia… volviendo opaco el mirar…

Ven aquí, libélula herida. Te abrazo y mi amor siembra unas alas, mis lágrimas las hacen crecer, amanece en la piel irisada… Aún puede haber luz, aunque la herida sea irreparable… Un sol inextinguible mora dentro de ti, siempre estuvo ahí, libélula irisada.

HUESOS. Alma

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El árbol de la vida


En mi vientre crece un manzano que todos los otoños del día da manzanas, manzanas que dan sentido a mi vida… unas jugosas, otras demasiado inmaduras, otras agusanadas, otras fuente de un zumo delicioso y tonificante… todas ellas nutritivas, todas conteniendo en sí las semillas de nuevos manzanos que crecerán, esta vez, sin mi mano, semillas que caerán en tierras lejanas donde nacerán nuevos vientres.

Vientres… el refugio de las almas cuando balbucean los primeros latidos. Luces blancas, purísimas, revoloteando en busca de un hogar, con la mirada anhelante clavada en el manantial de energía, fluyendo el latido inevitable, la fuerza convulsa y atronadora de la vida.

El árbol de la vida necesita un vientre oscuro para despertar a la luz. Necesita la tierra de mi cuerpo para arraigar y nutrirse. Necesita la lluvia para aplacar la sed de las raíces. Necesita el calor del sol para madurar sus manzanas.
Necesita la mirada atenta, unas manos que lo atiendan, la escucha del viento entre las ramas, del crujir de unas hojas abatidas, del susurro inmemorial de su sangre.
Necesita tormentas, ventiscas, aguaceros y el caer de la nieve adormeciendo la salvia. Necesita vientre oscuro. Necesita sol radiante. Necesita ante todo amor para crecer y dar fruto. Necesita fuego creador.

Cuece el fuego la vida. El amor es el pulso que impulsa y nos mueve ya por siempre… elevándonos hacia el sol… hasta la caída. Así de poderoso es el fuego que crepita en el vientre. Así de poderoso es el amor que impregna cada célula cargada de vida, cada manzana, cada ser, cada existencia. Así nos crece a todas el árbol de la vida.

HUESOS. Vientre

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Uno

No estamos solos.
¿Has mirado alguna vez a aquellos hombres y mujeres
que como tú cargan con sus dolores,
que como tú se hunden en el cieno,
que como tú renacen de las cenizas,
alzan el vuelo
y como tú se solazan en las horas livianas y dulces
con una sonrisa franca?
Ninguno escapa a esta ley.

No estamos solos.
¿Te has percatado del gato que dormita;
del diente de león enamorado del viento;
de las distantes estrellas
que nos susurran al oído
sus voces antiguas;
del rocío de la mañana,
suave beso en la piel de la tierra;
del petirrojo y su alegre reclamo;
de los copos de nieve
leves sobre tus manos;
del río que nos habla
del instante fugaz
del permanente cambio;
de la lluvia golpeando los tejados;
del bicho con el que compartes
el mismo miedo;
de las agujas de los pinos,
manatial de las flores y los helechos;
del sol brillando en un cuadrante del suelo;
de la mañana fresca
y la tarde templada,
la noche fría;
de la amapola que es nido
del sol de primavera;
de las ranas parlanchinas
y la laguna muda;
de la arcilla de la tierra
que acoge tu pisada?
¿No te percataste de todo esto
y de que eres uno con ello?

No estamos solos,
pertenecemos a una comunidad
tan grande como el universo,
somos parte de la creación y lo creado.
Somos uno con todo.
¡No estamos solos!

HUESOS. Alma

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Alma Vieja

Tu alma es antigua, tan antigua como el mundo,
amada Irene, sangre de mi sangre,
alma vieja, alma desnuda,
alma sabia, sin ambages.

Te miro y me asombra tu sensibilidad.
Tu corazón es un prado de flores
cuyos pétalos están siempre abiertos.
Flores mecidas por el viento.
Pétalos que palpitan de colores
cuando les acaricia el sol,
piel templada.
Flores engalanadas de rocío,
nutridas por la lluvia.
Un prado de flores vibrantes
algunas también marchitas,
porque cada soplo de aire
deja su rastro en ellas
y sus pétalos nunca se cierran.
Alma vulnerable, alma sensible.

Te miro y me asombran tus brazos alados.
Tu alma es salvaje y libre.
Corres por el parque con los pies descalzos
y ríes… y lloras… y gritas…
Y vuelas tan alto
que me quedo sin respiración.
Alma libre, alma bella.

Te miro y me asombra tu confianza ciega
en la vida
en las personas
en el mundo.
Para ti todas las personas son buenas…
te equivocas,
pero yo estoy mucho más confundida que tú.
No sabes lo que es el mal,
no lo comprendes.
Eres pura luz.
Alma limpia, alma buena.

Te miro y me asombra tu fuerza.
Cómo cada vez que caes te levantas,
cómo después de las lágrimas
irrumpe la sonrisa franca.
La alegría rezuma por tus venas.
Cada paso en el camino
es un juego maravilloso.
Rehacerte siempre por entero
intactos tus pies
que siguen caminando.
Alma invulnerable, alma vieja.

 

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Isla

Necesito arribar a la isla de sol a sol y solazarme en ella, recorrer todos sus rincones, vislumbrar sus tesoros. Necesito silencio, necesito encontrarme conmigo misma y desde ahí mirar el mar, el batir de las olas contra la roca, la espuma furiosa… el mar, que nos arrebata la vida o nos deja continuar con ella… que viene y va, que toma y da, que late y respira, que gira y gira, que nos canta su antiquísima canción… mi corazón guarda el tesoro.
Bajo a la playa, la recorro de punta a punta como una vieja costumbre, camino junto a la orilla, observando la caricia de las olas en la piel mojada de la tierra, agua y sol espejeando en la piel bruñida… sintiendo el frío en los pies, el suelo desapareciendo bajo ellos, el agua lamiendo el peso de los años… sintiéndome tan pequeña ante la inmensidad, con la certeza de que tras el horizonte hay un mundo nuevo, que un mundo nuevo es posible… llenándome los pulmones de aire fresco, el aire silenciando los gritos, haciendo brotar la alegría genuina, inundándome de luz al escuchar, una vez más, la antiquísima canción del mar…
Más tarde me alejo de la playa y penetro en el bosque oscuro, inquietante, con una miríada de árboles formando círculos, círculos de hermandad, círculos de protección, círculos para abastecernos de energía, y yo misma me hermano con ellos, un gran abrazo que fusiona corazón con corazón, que enraíza seres con seres, que trenza venas. Siento la energía del árbol penetrar en mi interior y afectar directamente mi corazón, una voz que me llega, comunicación…
Ek ong kar también es círculo, quien creó y lo creado es uno. Ek ong kar es la diosa…
Por fin descanso en el lago, espejo en calma, remanso de paz y quietud… Necesito quietud, silencio… he arribado al puerto de mi ser, a la isla, sola, y he recibido todas esas energías, me he nutrido con sus innumerables tesoros, para poder darme de nuevo en tierra de todos.

HUESOS. Alma

 

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