Regreso al hogar

Allí donde el alma exhala su fragancia, un océano de quietud se expande hinchiendo el infinito, disipando todo horizonte, herida abierta por donde se desborda el latido sosegado, por donde se escapa hasta constreñirnos, como flor marchita vaciada de toda humedad.

Allí donde el alma exhala su fragancia, allí radica la paz creciendo como un árbol firme y robusto.

¿Y dónde mora el alma? Hunde sus raíces en las entrañas, rezuma por los poros de la piel, se asoma a las ventanas de los ojos. Tan cerca. Aquí. Ahora.

Sin embargo nos movemos como reyes ciegos, deslumbrados, buscando nuestro reino en un horizonte cada vez más lejano, inalcanzable, extendiendo nuestras manos adelante en pos de lo ilusorio, desraizándonos del alma, que nunca deja de estar aquí… ahora.

Allí donde el alma exhala su perfume, se puede escuchar el viento cantando para ella y se puede sentir la tierra retumbando con la danza del espíritu. Este mundo… un prado de almas bailando la trova del viento, pero también un tumulto de reyes ciegos corriendo sin ninguna dirección. Cierra los ojos y  respira, unge tu cuerpo extraviado con el aceite del alma, escucha la voz del aire que acaricia tu cuerpo fatigado, enfoca tu mirada desorientada en la danza de la existencia. Regresa… detente.

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