Mabon, celebración del Equinoccio de Otoño

Con el Equinoccio de Otoño llega el momento de celebrar la cosecha, este tiempo de prosperidad y abundancia. Es momento de celebrarlo con un gran banquete y de agradecer a la tierra su generosidad. Los frutos que cosechamos son el obsequio que hace la madre tierra antes de partir hacia lo profundo, antes de retirar su energía y concentrarla en las raíces.

En otoño, la tierra esparce los ocres y los rojos, colores que nos anuncian la luz que se apaga. En otoño caen las hojas, la tierra se desprende de lo superfluo. Nosotros hemos de hacer lo mismo: deshacernos de la carga acumulada de trastos inútiles, de apegos malsanos, de emociones debilitantes, de obsesiones agotadoras, de hábitos destructivos. Desnudar nuestras almas.

Para recoger las semillas hay que apartar la cobertura, para llenarse de nuevo hay que vaciarse, para encontrar a Dios hay que despejar la mirada, para alcanzar lo esencial hay que recoger el grano, molerlo y tamizarlo hasta obtener la harina. Esta es nuestra tarea en esta estación.

En otoño celebramos la cosecha, saboreamos el fruto, pero gran parte de lo recibido lo guardamos para el siguiente periodo. Frutos que nos van a sostener durante el invierno, estación en la cual no podemos recibir nada de la tierra. Mabon nos trae el otoño, la estación en que hemos de prepararnos para la llegada del invierno.

El Equinoccio es el día donde luz y oscuridad, fuera y dentro, se hallan en equilibrio. A partir de ahora comienzan a extenderse las sombras. La luz se retira, la energía se retira, la vida se retira, empezamos a acercarnos a la muerte, con quien conviviremos durante el invierno. Es el momento de avanzar hacia ella con decisión y de meditar en el ciclo de la existencia: Infinito, Vida, Muerte, Vuelta a empezar, Infinito, Vida, Muerte, Vuelta a empezar, Kirtan kriya. Es el momento de sentir el correr de la sangre, de zambullirnos en el río de la vida y sentir la corriente que nos lleva, sentirlo en la piel, sentirlo adentro. La corriente que no cesa, que avanza y traza un círculo infinito. Es momento de meditar en esto para infundir coraje a nuestros egos aterrados, para devolverlos a su tamaño natural y funcional. Es momento de prepararse. Es necesario prepararse.

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