Por fin, viernes

«¡Por fin viernes! ¡Todo el fin de semana con mamá! Y mañana, al teleférico. Lleva dos fines de semana que no puede, pero este me lo ha prometido seguro… una cruz en el pecho… jajaja… Cómo me gustan los sábados y los domingos… para estar con ella… vale, durante la semana también la veo, pero solo un ratito por la noche… siempre llega muy tarde… Odia su trabajo porque le lleva todo el tiempo… Y el viernes es mi día de cole preferido, porque me viene a recoger mamá… cuánto está tardando. Ya ha venido la madre de Adrián y la de María y la de Alberto. Seguro que es por su trabajo…».

«Estoy agotada. Parece que estuviera llevando a cuestas una tonelada de piedras… y esta tristeza… ¿Por qué siempre me pongo tan triste los fines de semana? Voy a la contra… ¿quién me entiende? Llego tarde, siempre igual, no paro… ¡Qué hambre! Los viernes es el peor día, como tardísimo. Seguro que Alex me espera con cara mohíno… lo que faltaba… bueno, se pondrá contento cuando le enseñe las pelis que le he comprado en el kiosco…».

«¡Ahí está! ¡Mamaaaaaá! No me ha oído. Qué guapa está, si es que es la mamá más guapa del mundo. ¡Mamaaaaaaaaá! Ay, Mari no me deja salir. Ya, hasta que no vean a un adulto no nos sueltan. Pues ahí está mi mamá. Ale, déjame, que hasta el lunes no nos volvemos a ver. Ojalá me ponga malo y no tenga que venir al cole… Además, así, a lo mejor mamá se quedaría conmigo… una vez lo hizo… ¡Mamá!».

«Pero ¿por qué pegará esos gritos? Si es que ningún niño lo hace… qué vergüenza… qué tonto, es que se pone más contento… es muy pequeño todavía… ya se me acabará, ya. Estoy agotada, a ver si como rápido, volvemos a casa y me hecho una siesta…».

– ¡Mamá! Tengo un dibujo en la mochila. Míralo, míralo. Es para ti.
– Hola hijo, ¿qué tal el cole? ¿Te has portado bien?
– Míralo, mamá, es para ti.
– Sí, pero déjame que lo saque, que es que no me das tiempo –Silvia saca el dibujo de la mochila–. ¡Qué bonito! Muy bonito, muy bonito. Ale, vamos, que tengo mucha hambre.

Silvia y Alex caminan, cogidos de la mano, rumbo al restaurante del barrio. Silvia quiere ir deprisa, pero los pasitos cortos de Alex se lo impiden. Tira de él, que va a la zaga.

– Mamá, hoy hemos empezado la letra d. Ya la sé hacer. Es muy fácil, no me ha costado nada…
– Bien.
– … primero la hemos escrito muchas veces y luego la hemos coloreado. La d es el señor Dinero, con el señor Dinero el rey U va a comprar el periódico y la reina A se compra una flores. El señor Dinero siempre está con ellos, les sigue a todas partes. María José me ha dicho que lo he hecho muy bien…
– ¿María José? ¿Quién es María José?
– ¡La profe, mamá!
– Ah, claro, claro –la expresión de Silvia es de sorpresa y de vergüenza a un tiempo–, qué tontería, si lo sabía, ha sido un lapsus.
– ¿Qué es un latus, mamá?
Silvia tira aún más fuerte de Alex.
– Venga Alex, hijo, que no tenemos todo el día. Que nos van a cerrar la cocina
–Alex acelera la marcha.
– Y en inglés hemos aprendido canciones nuevas… luego cuando lleguemos a casa te las canto…

«Pero ¿por qué hablará tanto este niño? Es que no para. No puedo más. Estoy cansada. Necesito un poco de silencio y de paz… ha sido un día muy duro… una semana muy dura… solo pido un poco de tiempo para mí… en cuanto llegue a casa, una siesta… Por fin, llegamos…».

Madre e hijo entran en el restaurante. Alex ya ha comido en el cole, pero le gusta acompañar a su mamá los viernes, así le puede contar todo lo que le ha pasado durante la semana. Elisa, la camarera, una mujer entrada en años, con la mirada en el suelo y los pies arrastrando por todo el restaurante, toma nota a Silvia.

– Mamááá, ayer Jorge me pegó, siempre está pegando y chinchando…

Suena el móvil de Silvia. Es su hermana. Alex ve cómo el rostro de su mamá se ilumina. Silvia no para de conversar con su hermana, ríe y habla a gritos. Elisa le trae el primer plato y Silvia sigue hablando con su hermana mientras come.

«Jo, ya está otra vez hablando con la tía. Seguro que se pasan toda la comida. ¿Me dormirá hoy mamá? Me gusta cuando se sienta al lado de la cama y me da la mano. Me gusta su mano… suave y huele tan bien… siempre huele bien… lo noto cuando me acaricia el pelo… a ver si hoy no está muy cansada y… papá me gusta también, pero no es lo mismo… mamá, a veces, apoya la cabeza en mi cama y yo creo que se queda dormida también ella. Qué bien huele su pelo… siempre tan brillante… me gustaría ser moreno, como ella… ¿cuándo van a dejar de hablar? jo, qué rollo. Bueno, no importa, mañana vamos al teleférico y le voy a esconder el móvil. Me encanta el teleférico, volar por los aires… y se ve todo tan pequeñito, los árboles, la gente, parecen hormigas… jajaja… eso dice mamá. Estuvimos el año pasado… me gustó mucho… que sea ya mañana, que sea ya mañana… ¡este va a ser el mejor fin de semana de mi vida! ¡Se está despidiendo! ¡Por fin! ¡Anda, que eres una pesada, tía Sole!

Silvia cuelga el teléfono.
– Mamá, mamá, mañana en el teleférico, me tienes que prometer un helado cuando lleguemos a la casa de campo…
– Ay, Alex, mi amor, este fin de semana no va a poder ser. He tenido una semana de mucho trabajo, pero aún no he acabado y me he traído unas cosas que tengo que terminar… Lo siento, Alex, te prometo que el próximo fin de semana… pero mi amor, tengo una sorpresa para ti… ¡te he comprado dos películas en el kiosco! ¡Puedes verlas este fin de semana… las dos!

Alex quiere romper a llorar, pero se contiene. «A mamá no le gusta que llore, se pone muy triste». Hay un gran silencio.

– Mamá, me dejas el móvil para echar una partida.
– Sí, claro, mi juguetón.

Silvia le acaricia el pelo. Le pone el juego, porque Alex todavía no sabe ponerlo él solo y se lo da. Alex se enfrasca en el juego. Silvia se enfrasca en el periódico.

Elisa le trae el postre a Silvia. «Otra vez con la maquinita, este niño se pasa la vida jugando a las maquinitas. Es que no hacen otra cosa los niños de ahora.»

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Olas

Una ola me alcanza,
dolor,
respiro…
Una ola me alcanza,
tristeza,
respiro…
Una ola me alcanza,
anhelos,
respiro…
Una ola me alcanza,
estallido,
respiro…
Una ola me alcanza,
nostalgia,
respiro…
Una ola me alcanza,
vértigo,
respiro…
Una ola me alcanza,
miedo,
respiro…
respiro
y siempre arribo al mismo puerto,
invulnerable,
inmutable,
núcleo de paz
y de silencio.
Una ola me alcanza,
el viento me azota,
la lluvia me golpea,
pero en el fondo de mi ser
soy quieta y una.

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Ritmos

Caminante, no hay camino
se hace camino al andar.

ANTONIO MACHADO

 

El Universo se expande y se contrae.
Es la respiración de Shiva.
Ahora mismo, en este instante,
llena su pecho de aire arbolado,
vergel de sonidos y aves,
sus sueños
hechos carne.

Viento helado, piel nevada,
sol ardiente, agua fugitiva.
Es la respiración de la tierra,
que nace y muere
en cada giro.

Renacimiento.

El sol nos sopla las pestañas.
La luna extiende su aliento
sobre los párpados cerrados,
ventanas enrejadas;
tras ellas unos ojos,
pozos en cuyo fondo
se estremece la luna.
Es la respiración del tiempo,
y su latido,
el tic-tac de un reloj.

Tomo y suelto,
tomo y suelto.
Es mi respiración,
y mi latido un tambor.

Late, late, late,
hoguera que nunca se apaga,
golpeteo de la lluvia en el tejado,
una ola que nace en lo profundo
y muere
de tanto que anhela,
integrarse en la ribera.

Tomo y suelto,
tomo y suelto,
un corazón palpitante
y unos pies que no dejan de avanzar.

Avanzan,
avanzan,
un paso detrás de otro,
nunca dejan de avanzar.
No importa lo que suceda.
Nunca dejan de avanzar.
Ría o cante, grite o desfallezca.
No importa lo que suceda.
Nunca dejan de avanzar.

Hasta que llegue el día
o la noche,
una mañana de verano
o una tarde de primavera
en que Shiva frenará mi paso,
detendrá mi latido,
abrirá las ventanas
para que alce el vuelo
liviana
y me funda con el aire
que en otra vida
respiré.
Arcilla blanda y entregada
en las manos de Shiva
nuevamente.

HUESOS. Pies

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Estaciones del alma. Primavera

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Beltane

Hoy es Beltane, la fiesta que celebra el enraizamiento y encumbramiento de la primavera. La máxima expresión de esta estación, que es un canto a la vida y a la juventud.

La primavera se desborda por las lindes del campo. El aire está limpio y renovado con las lluvias de estos días. Hoy el sol brilla. Las flores rezuman su fragante secreto. Huele a tierra también. Los colores brillan intensamente, han capturado la luz del sol y la esparcen por los campos. La energía vibra a ras del suelo hasta que estalla en una explosión que nos tumba. La primavera ha enraizado.

Y vosotros, en la primavera de vuestras vidas, celebráis un Beltane en el alma con vuestra energía inagotable, con vuestro potencial a ras de piel, camináis mirando de frente, descalzos, sintiendo la fresca hierba cuajada de rocío bajo vuestros pies, camináis mirando de frente, descalzos, sintiendo el suelo ardiente y quebrado bajo vuestros pies, camináis mirando de frente, descalzos, sintiendo las piedrecitas arañando las plantas de vuestros pies…

Y podríais arrancar de cuajo los árboles con la fuerza de vuestras manos, podríais dar un salto de una orilla a otra del océano, podríais estirar el brazo y rozar con vuestros dedos las nubes, pero no lo hacéis, solo sentís el agua fría del regato enredándose en vuestros pies, el viento cálido y suave susurrando su canción en vuestra nuca, el sol lamiendo vuestra espalda, os dedicáis a sentir y os sumís en el sueño del tiempo golpeteando rítmicamente vuestro pecho como una llovizna… liviana.

Y sois los soberanos de la energía, energía inagotable que estalla en vuestra mirada, en vuestras voces, en vuestras manos, en toda la superficie de vuestra piel… como la primavera en Beltane.

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