Cuerpos sagrados

Nobles almas que revoloteáis
en el espacio vacío de la conciencia,
sedientas del néctar de la vida,
con el recipiente vacío,
deseosas de llenarlo de nuevo.
Os urge resolver el acertijo,
superar los retos.
Valientes almas,
en busca del latido
sobre el que cabalgaréis
contra el viento.

Precisáis un cuerpo,
cuerpo sagrado
que hace posible esta experiencia.
Materia,
Madre Tierra.

Cuerpos tiernos,
cuerpos voluptuosos,
cuerpos arrugados.
Qué largo viaje
el que os espera.
Ni un solo instante
dejáis de respirar.
Ni un solo instante
dejáis de latir.
Ni un solo instante
dejáis de caminar,
de recorrer la larga senda
que acaba en el mar.

Tu corazón es el servicio.
¡Qué fortaleza!
No cabe más que agradecimiento.
¡Cuerpo sagrado!

HUESOS. Cuerpo

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Cántaro sagrado

Cuerpos arrastrados, pies arrastrando, hombros caídos, piel macilenta, pozos en los ojos… alma liviana dentro de un cuerpo aplastado… el zumo se escapa con cada exhalación…

Agota el tratar de atrapar el pez con las manos.
Agota el querer enjaular a las mariposas para que dancen como nosotras queramos.
Agota el astillarnos en mil pedazos para mantener la hoguera siempre encendida, sin más madera que la de nuestra alma.
Agotan todos los nudos que se agolpan en la garganta, desatendidos, abandonados.
Agotan los pesados mantos y edredones y colchas que nos echamos encima hasta desaparecer por completo.
Agota el tratar de poder con todo.

Sal a la superficie, desembarázate de las toneladas de tierra que te sepultan, tiéndete en la hierba, deja que el sol te acaricie, que el viento erice tu piel. Entonces levántate y construye con tus manos un cántaro donde verter el zumo, un cántaro sin grietas ni escapes, y guárdalo en tu pecho.

HUESOS. Energía

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Árbol que naufragaste

Árbol que naufragaste y te hundiste en el fondo de la laguna.
Nuevas vidas, empapadas de silencio, te pueblan.

INSTANTÁNEAS

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Alas rotas

Aletea, aletea la libélula atrapada entre las zarzas… las zarpas… tratando de liberarse la libélula inocente… y cuanto más aletea, más se desgarran sus alas.

La libélula no se desangra… se le va escapando la vida por los rotos del alma. La libélula quebrada, despojada de su brillo, de su cordura… cae en el sueño exhausta, incapaz de enfrentar la realidad… atrapada eternamente entre las zarzas… le escuecen las alas.

Qué tenebroso, qué triste…

¡Vivir en un mundo tan lúgubre y no desmayar! ¿Qué es lo que os mantiene en pie? ¿Cómo no se desmoronan los cimientos de vuestro ser? ¿Cómo podéis sonreír, zarzas de la noche?… cada dedo una espina, la sangre alterada… hiel.

Qué mundo más oscuro. Se me agolpan las lágrimas en la garganta.

Almas rotas haciendo añicos otras almas. Alas aplastadas arrancando de cuajo otras alas. Almas huecas succionando la ternura y la inocencia… volviendo opaco el mirar…

Ven aquí, libélula herida. Te abrazo y mi amor siembra unas alas, mis lágrimas las hacen crecer, amanece en la piel irisada… Aún puede haber luz, aunque la herida sea irreparable… Un sol inextinguible mora dentro de ti, siempre estuvo ahí, libélula irisada.

HUESOS. Alma

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Parto

Un pulso de sangre caliente late cada vez con mayor fuerza. Olas que rompen sobre las rocas increíblemente sólidas, que con una lentitud de siglos abaten la piedra dura e inquebrantable.

El mar comienza a enfurecerse. De pronto, un pinchazo y mi cuerpo dormido… acallado, vacío. Invierno. Muere mi cuerpo. Muere mi corazón también. Duele este silencio frío. El pinchazo mata toda sensación, todo asombro, podría estar comprando pescado en el mercado. Solo sus manos amigas, su compañía absolutamente presente, me mantiene a flote.

Irene sigue viviendo el furor de las olas. Fluye con la vida. Y yo estoy desconectada. Desconectada del mar. Desconectada de mi cuerpo. Desconectada de ella. Tan lejos de ella…

Por fin doy a luz. Y la primavera irrumpe abriendo las puertas de par en par. Mis lágrimas brotan a borbotones, mi voz sale a borbotones, y la alegría lo inunda todo, cada célula, cada respiración. Irene es el sol que ha fundido el hielo, y el río fluye de nuevo con fuerza y alborozo.

Irene está desconcertada en manos ajenas hasta que por fin pone pie en tierra firme, mi pecho, y nos fundimos en un abrazo de pieles húmedas. Doy gracias a la vida.

Más tarde, ya en la habitación, Irene nos arrastra de nuevo al útero, y nos miramos y nos amamos en silencio, en la penumbra, un silencio y una penumbra llenos de sentido, una mirada tierna y asombrada, serena. Te tengo cogida en mis brazos. Te sostengo. Te amo. Bienvenida.

ESTACIONES DEL ALMA. Primavera

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