Mensajeros de la luz

La tierra está dormida; la noche, la oscuridad y el silencio se ciernen todavía sobre su rostro. Entonces ocurre, el despertar de los almendros. Conectados fuertemente con Dios, gozan de una gran sensibilidad. Captan el suave e imperceptible estiramiento del sol que deja atrás su largo sueño. Los dedos del astro apenas les han rozado y ya su sangre aletargada comienza a templarse y a correr buscando una salida.

Entonces ocurre, la vida se abre paso, revienta rompiendo las yemas de los brotes tiernos, y los almendros descubren su alma. Delicadeza, suavidad, feminidad y una fragancia que marea nuestros sentidos. Llegó la luz. La promesa de la primavera que ha de venir.

La ciudad gris, oscura, pétrea se viste de rosa y blanco. La ciudad triste y helada, vacía, se llena de risas. Por todas partes encontramos a estos mensajeros de la vida, nos traen la buena nueva de que por fin podemos abrir los ojos y mirar, bailar y cantar, correr y saltar, gritar, extender nuestros brazos y girar con cada latido de la tierra.

El día está a punto de llegar. Solo queda desperezarnos.

ESTACIONES DEL ALMA. Invierno

Para seguir Tinta y Luz…

* campo requerido




Compartir...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies