Alma Vieja

Tu alma es antigua, tan antigua como el mundo,
amada Irene, sangre de mi sangre,
alma vieja, alma desnuda,
alma sabia, sin ambages.

Te miro y me asombra tu sensibilidad.
Tu corazón es un prado de flores
cuyos pétalos están siempre abiertos.
Flores mecidas por el viento.
Pétalos que palpitan de colores
cuando les acaricia el sol,
piel templada.
Flores engalanadas de rocío,
nutridas por la lluvia.
Un prado de flores vibrantes
algunas también marchitas,
porque cada soplo de aire
deja su rastro en ellas
y sus pétalos nunca se cierran.
Alma vulnerable, alma sensible.

Te miro y me asombran tus brazos alados.
Tu alma es salvaje y libre.
Corres por el parque con los pies descalzos
y ríes… y lloras… y gritas…
Y vuelas tan alto
que me quedo sin respiración.
Alma libre, alma bella.

Te miro y me asombra tu confianza ciega
en la vida
en las personas
en el mundo.
Para ti todas las personas son buenas…
te equivocas,
pero yo estoy mucho más confundida que tú.
No sabes lo que es el mal,
no lo comprendes.
Eres pura luz.
Alma limpia, alma buena.

Te miro y me asombra tu fuerza.
Cómo cada vez que caes te levantas,
cómo después de las lágrimas
irrumpe la sonrisa franca.
La alegría rezuma por tus venas.
Cada paso en el camino
es un juego maravilloso.
Rehacerte siempre por entero
intactos tus pies
que siguen caminando.
Alma invulnerable, alma vieja.

 

Para seguir Tinta y Luz…

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