Galería Doce Lunas

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Alma Vieja

Tu alma es antigua, tan antigua como el mundo,
amada Irene, sangre de mi sangre,
alma vieja, alma desnuda,
alma sabia, sin ambages.

Te miro y me asombra tu sensibilidad.
Tu corazón es un prado de flores
cuyos pétalos están siempre abiertos.
Flores mecidas por el viento.
Pétalos que palpitan de colores
cuando les acaricia el sol,
piel templada.
Flores engalanadas de rocío,
nutridas por la lluvia.
Un prado de flores vibrantes
algunas también marchitas,
porque cada soplo de aire
deja su rastro en ellas
y sus pétalos nunca se cierran.
Alma vulnerable, alma sensible.

Te miro y me asombran tus brazos alados.
Tu alma es salvaje y libre.
Corres por el parque con los pies descalzos
y ríes… y lloras… y gritas…
Y vuelas tan alto
que me quedo sin respiración.
Alma libre, alma bella.

Te miro y me asombra tu confianza ciega
en la vida
en las personas
en el mundo.
Para ti todas las personas son buenas…
te equivocas,
pero yo estoy mucho más confundida que tú.
No sabes lo que es el mal,
no lo comprendes.
Eres pura luz.
Alma limpia, alma buena.

Te miro y me asombra tu fuerza.
Cómo cada vez que caes te levantas,
cómo después de las lágrimas
irrumpe la sonrisa franca.
La alegría rezuma por tus venas.
Cada paso en el camino
es un juego maravilloso.
Rehacerte siempre por entero
intactos tus pies
que siguen caminando.
Alma invulnerable, alma vieja.

 

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Abrazar el cansancio

Mi energía ha cambiado. Ayer fluía con las olas de un mar abierto, empujada por fuertes corrientes. Hoy se aquieta en el suave regazo de la bahía, abrazo callado y sereno.

Miro a través de la bocana. Sueño con salir de nuevo a mar abierto y dejarme ser en ese territorio violento y desatado. Pero no. He de aprender a abandonar mi cuerpo, aflojarlo, y dejar que este mar nuevo, más sosegado y de horizontes que se pueden rozar con los dedos, me meza.

Somos olas, olas que vienen y van, olas que se elevan, cantan y luego mueren y se recogen, cantando… somos olas, pero queremos estar siempre en la cresta, siempre allí, llenas de energía, siempre alegres, disponibles, siempre… y cuando caemos la culpa nos asedia, nos sentimos enfermas, nos resistimos… pero somos olas, olas que se elevan, cantan y luego mueren y se recogen, cantando…

Mi energía ha cambiado. Y ahora comprendo. Mis ritmos han cambiado, nada más. Al fin escucho a mi cuerpo. Abrazo el cansancio.

¡La flor desborda su energía desde sus pétalos radiantes y abiertos. El fruto la concentra en sus semillas!

HUESOS. Energía

 

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Samhain

SAMHAIN

Estoy en la tierra de mis muertos. Frío norte. Tierra de la abundancia, fértil y hermosa.
Una niebla persistente y húmeda me acompaña durante todo el viaje. Estamos en Samhain, la antigua fiesta celta que celebraba el final de la temporada de la cosecha y el comienzo del año nuevo. También un día para honrar a los muertos.

ENTRE EL EQUINOCCIO Y EL SOLSTICIO

Conforme se acerca la noche la niebla es más densa. La carne pierde solidez, los perfiles desaparecen. Poco a poco la bruma me va cercando hasta que al fin solo quedan mis manos…

Acaba octubre. Estamos a mitad de camino entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno. La luz se apaga cada vez más temprano. Entramos en el reino de las sombras. La luz se apaga y ya solo alcanzo a ver mis manos…
Miro dentro porque fuera ya no existe. Todo a nuestro alrededor ha desaparecido y solo quedan mis adentros.
Ya he cosechado los frutos del año. Ahora es momento de empezar a buscar las semillas nuevas. Tocarlas, olerlas, observarlas y luego sembrarlas para que recojan la poderosa energía de la oscura y húmeda tierra…

AVALON

Me dirijo a los acantilados e intento mirar más allá de la bruma. Unos peñascos se insinúan entre las sombras. Recuerdo las brumas de Avalon…

En estos días el velo entre los mundos es más fino. En Samhain vaciaban los nabos para colocar velas dentro y ponerlas a la entrada de las casas para que los espíritus encontraran el camino de vuelta al hogar.

Es el momento de conectar con mis muertos. Cerrar los ojos y sentir su presencia añorada, preguntar qué es lo que tienen que contarme, qué quiero contarles yo… tender las manos… recuperar las horas perdidas… reparar lo irreparable…

LUNA NEGRA

Todo el día caminando entre brumas. La niebla se ha hecho rocío en mi piel y la ha vuelto más porosa. Penetra hasta los huesos…

Este Samhain ha coincidido con la luna nueva, esa fuerza que nos lleva a encontrarnos con la parte más vulnerable de nuestro ser. Nos pone el corazón entre las manos para que no haya duda de lo que sentimos, de lo que nos duele. Nos hace sentir de otra manera…

CRISTALES

El descenso de la luz y la luna negra nos hace ver las cosas con otra perspectiva, nos predispone a la tristeza, que es otro cristal con el que ver las cosas. Habla una parte de nosotros tan verdadera como las demás, la parte más reprimida, la más olvidada.

Hay que mirar las cosas desde todas las perspectivas. Ahí reside la verdad.

Samhain y el encuentro con la verdad.

 

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Isla

Necesito arribar a la isla de sol a sol y solazarme en ella, recorrer todos sus rincones, vislumbrar sus tesoros. Necesito silencio, necesito encontrarme conmigo misma y desde ahí mirar el mar, el batir de las olas contra la roca, la espuma furiosa… el mar, que nos arrebata la vida o nos deja continuar con ella… que viene y va, que toma y da, que late y respira, que gira y gira, que nos canta su antiquísima canción… mi corazón guarda el tesoro.
Bajo a la playa, la recorro de punta a punta como una vieja costumbre, camino junto a la orilla, observando la caricia de las olas en la piel mojada de la tierra, agua y sol espejeando en la piel bruñida… sintiendo el frío en los pies, el suelo desapareciendo bajo ellos, el agua lamiendo el peso de los años… sintiéndome tan pequeña ante la inmensidad, con la certeza de que tras el horizonte hay un mundo nuevo, que un mundo nuevo es posible… llenándome los pulmones de aire fresco, el aire silenciando los gritos, haciendo brotar la alegría genuina, inundándome de luz al escuchar, una vez más, la antiquísima canción del mar…
Más tarde me alejo de la playa y penetro en el bosque oscuro, inquietante, con una miríada de árboles formando círculos, círculos de hermandad, círculos de protección, círculos para abastecernos de energía, y yo misma me hermano con ellos, un gran abrazo que fusiona corazón con corazón, que enraíza seres con seres, que trenza venas. Siento la energía del árbol penetrar en mi interior y afectar directamente mi corazón, una voz que me llega, comunicación…
Ek ong kar también es círculo, quien creó y lo creado es uno. Ek ong kar es la diosa…
Por fin descanso en el lago, espejo en calma, remanso de paz y quietud… Necesito quietud, silencio… he arribado al puerto de mi ser, a la isla, sola, y he recibido todas esas energías, me he nutrido con sus innumerables tesoros, para poder darme de nuevo en tierra de todos.

HUESOS. Alma

 

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Raíces aladas

Verdad desnuda, sin artificios,
verdad descarnada,
raíces aladas.

INSTANTÁNEAS

 

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Una estación de paso para quedarme

El otoño se instala suavemente, sin apenas darnos cuenta. Los primeros vientos anuncian su llegada, aparecen de puntillas, en silencio, haciendo estremecer las hojas.
Vientos que traen el otoño. Y traen la lluvia, lluvia que lava cielo y tierra, arrastrando el polvo que araña, aliviando y refrescando el aire, promesa de un mundo nuevo, sin pliegues, sin doblez. Y traen el frío, una voz que nos despierta, que nos acucia para que nos pongamos en camino, una corriente que nos vivifica. Y traen una luz que se apaga cada vez más temprano. Y traen los colores de la tierra incendiada, rojo, amarillo, marrón… Y traen los frutos y las hojas que caen. Y traen las aves que vienen de tan lejos, surcando el cielo con alas silentes. Y traen tristezas antiguas que ahora brotan y se alargan en las largas tardes de otoño. Y traen una luz que nace en lo oscuro y alumbra la nueva vida. Y traen silencio, paz, arrobamiento. Traen las miradas hacia dentro, hacia el calor que nos habita piel adentro.
Entonces, con el otoño ya instalado, entro en esa habitación que me es propia, cierro las ventanas, enciendo el fuego y miro por última vez afuera, a través de los cristales. Fuera hay lluvia, hay viento, hay frío, pero dentro estoy caliente, estoy a salvo.
El otoño, una estación de paso que deja una huella indeleble en mi corazón, se ha marchado dejando espacio al invierno. Entonces cierro los ojos.

ESTACIONES DEL ALMA. Otoño

 

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Sostener los cielos

Solo cuando penetré la tierra porosa
con mis raíces…
Solo cuando esta red de certezas
se hizo fuerte…
solo entonces
pude elevar mis ramas al firmamento,
bañarme de luz,
sostener los cielos.

NUBES

 

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Luna llena de febrero

Después de la lluvia, el aire fresco y renovado. La lluvia arrastra el polvo… los perfiles se vuelven nítidos… la conciencia, por fin, tiene espacio para desplegar su luz.

El cielo va a derrumbarse sobre nuestras cabezas, una luz lechosa lloviznando sobre nuestras fronteras, penetrando, más allá, como el agua vieja… la humedad, que se instala como una segunda piel.

Todavía no ha salido la luna. Me temo que nos vamos a perder esta luna de febrero. El cielo está completamente cubierto. Los últimos rayos del sol languidecen como ascuas rosadas entre un montón de cenizas. La luna podría ser la chispa final en ese fuego que agoniza. La vida infinita y luminosa que se desborda sobre los ojos en la última exhalación.

Le damos la espalda a la luna, hoy más nueva que llena, y nos refugiamos bajo la encina protectora. Qué silenciosa. Los árboles también son madres, o padres, que nos protegen de lo que cae del cielo, de lo que viene de frente, de lo que habita en los poros del aire… lluvia, viento, frío. Y su silencioso estar me adormece. Y no es que el frío desaparezca, pero hay cierta calidez cuando me siento abrazada por sus ramas.

Ya nos vamos y nos quedamos sin ver la inexistente luna de febrero, oculta tras una espesa capa de nada oscura.

DOCE LUNAS. DOCE AMANECERES, UNA ENCINA…

 

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